Misericordia quiero
El pasado miércoles conocimos que el Obispado de Málaga, ha
anulado las elecciones celebradas en la Cofradía del Rescate, que dio la
victoria Antonio Sastre , por entre
otras causas, la presencia de un hermano divorciado en la lista ganadora.
Esta decisión ha causado estupor en muchos cofrades, por lo anacrónico
y doloroso que ha resultado.
Cabe pensar, que actor ha actuado con peor fe, en este asunto, los que
se enteran de la vida privada de un hermano, y por una cuestión de rivalidad
electoral acuden prestos a acusarle ante el Obispado, o la propia institución
eclesial, que mantiene normas que escandalizan (estas si) al pueblo de Dios por
su anacronismo moral, ausente de cualquier actualización exegética.
Cabría pensar, que si los recurrentes estaban seguros de que
en las elecciones se habían cometido irregularidades burocráticas, el Obispado
descabellado la razón sin necesidad de provocar un escándalo como este.
Un escándalo que bien podría volverse en contra de los
recurrentes o de cualquier otro candidato a pertenecer alguna junta de
gobierno, porque uno nunca sabe en qué momento de la vida puede cesar el vínculo matrimonial. ¿Tenemos la certeza
de que ninguno de los miembros delatores tiene pensado divorciarse
próximamente?
¿Conocemos acaso la virtud moral de todos y cada uno de los
miembros de las juntas de gobierno de la ciudad? ¿Por qué la Iglesia solo pone
el foco en materia sexual y nunca en otros aspectos como el desprendimiento
económico o material?
A ningún candidato a miembros a Junta de gobierno se le
solicita que haya sido un “buen samaritano” con otras personas. A ninguno se le
piden pruebas de que haya dado de comer
al hambriento o vestido al que no tiene. ¿Por qué estas parte te las enseñanzas
de Jesús no importan?
¿Por qué sin embargo, sí la enseñanza en materia moral de la
Iglesia que viene, más bien de la tradición que de la escritura?
El fondo del asunto podría ser la cuestión del divorcio,
aunque no sería la única.
Respecto a esta cuestión,
cuando se toma el tenor literal de Mt 19, 1-9 se está ocultando un
análisis exegético y crítico- histórico adecuado para el escudriñaje de la
propia escritura.
Esto, no solo
ocurre con el tema del divorcio, pues escandalosas
son las traducciones oficiales que presentan
textos como el de 1 Cor 6, 9 respecto
a la homosexualidad, cuando en verdad, no se menciona si quiera el término, ni
estas conductas, y lo que resulta es una errónea traducción del griego, que hace referencia al abuso o prácticas sexuales ritualísticas
y no.a la orientación sexual homosexual tal como la entendemos hoy.
No puede ser que las ansias de poder impliquen la
investigación de la vida privada de los hermanos. ¿Qué tipo de sociedad estamos
construyendo?
Una sociedad en la que no hay conciencia de comunidad y en
la que se establece el delatar, a
aquel que, sin hacer nada malo, ni reprochable, se sale del estrecho
marco moral de la institución eclesial, en vez de, crear una conciencia crítica
colectiva constructiva para avanzar dentro de la Iglesia, en el respeto y la
comprensión de las situaciones privadas de las personas que en la gran mayoría
de los casos no son ni siquiera elegidas.
Claro que, gran culpa es de la propia base cofrade,
preocupada en extremo en lo superfluo y
no en mantener una actitud crítica, pero constructiva, respecto a algunas
posturas de la Iglesia Católica que hieren tanto a la comunidad cristiana.
Hubiera sido de esperar, del seno de una cofradía, que
cuando determinadas personas se enteran de que otra lo está pasando mal en su
vida privada, le hubieran prestado toda
la ayuda y compasión (Cuanto hicisteis a unos de
estos hermanos, a mí me lo hicisteis
Mateo 25, 31-46.)
habiendo dejado de
lado la rivalidad electoral, y no, usando una información privada para pretender
ganar por la burocracia, y faltando a la caridad cristiana, lo que las urnas te han negado.
Si tan claras eran las irregularidades burocráticas en las
elecciones no era necesario señalar a una persona concreta.
Pero, lo cierto, es que en las cofradías no se percibe interés
por una formación cristiana integral, al margen de posturas obsoletas ya conocidas de la Iglesia católica.
Pareciera que al cofrade medio solo le preocupan los
bordados y encajes, cuadrar horarios e itinerarios, fardar en el varal o crear
un sálvame cofrade.
No es de extrañar que, por esta deriva, haya una desconexión
mayor entre la sociedad y todo lo que tenga que ver con la fe, porque
precisamente, decisiones como la del Obispado, lejos de evitar escándalo, lo
provocan y se convierte además, en el mejor aliado del ateísmo y el nihilismo actual.
Pareciera a veces, que el ateísmo, encuentra su mejor aliado en ciertas
instituciones eclesiales, porque la reacción de muchos ante esto, no será la de
la legítima crítica dentro de la fe, sino la ruptura con esta.
Así pues, queda
reflejado en los datos oficiales del número de personas creyentes en España,
que ya descienden del 60%.
Estas actitudes, lastran también la labor que realizan muchos sacerdotes y religiosas, como
el Padre Ángel, o religiosas y religiosas más jóvenes que a través de las redes
sociales están presentando una visión diferente de la Iglesia, más cercana al
Evangelio, explicando de forma pedagógica que muchas de la posturas de la Iglesia,
no son dogma de fe, y son susceptibles, por tanto, a cambios.
Así lo está demostrando la Iglesia católica alemana o belga,
permitiendo ya las bendiciones entre parejas del mismo sexo.
Este gran hacer queda empañado por un fundamentalismo institucional,
muy notablemente en España, al que tristemente se acogen personas que no
soportan el no de las urnas.
Esto además afecta muy negativamente a la visión que la
sociedad en general puede tener del
mundo cofrade, pues como es sabido las cofradías son la parte de la iglesia más
próxima al pueblo, a la gente corriente, cuyo único nexo de unión con la fe
puede ser su participación en una hermandad. El escándalo pues que ha provocado
el Obispado, lastra la imagen pública de la propia institución y de las
cofradías, que parece no entender que al fenómeno religioso de las cofradías no
se puede equiparar al Opus o a los kikos.
Y no se trata de que tenga que ser lo que el pueblo diga, ni
que fe manera inexorable la fe tenga que obedecer a modas mundanas, tampoco
caer en un relativismo moral donde todo da igual, pero si en mantener abierto
el diálogo, y no dejarse llevar por un fundamentalismo cuestionable desde el
punto de vista teológico.
No se trata de darle a lo mundano la razón por la razón, sino de manteniéndose
fiel a la escritura, llevar a cabo una actualización, en especial del marco
moral, que no comprometan la fe, y que
permita llevar la misma a cuantas más masas poblacionales mejor.