viernes, 10 de febrero de 2023

 

Misericordia quiero 


El pasado miércoles conocimos que el Obispado de Málaga, ha anulado las elecciones celebradas en la Cofradía del Rescate, que dio la victoria  Antonio Sastre , por entre otras causas, la presencia de un hermano divorciado en la lista ganadora.

 

Esta decisión ha causado estupor en muchos cofrades, por lo anacrónico y doloroso  que ha resultado.

Cabe pensar, que actor  ha actuado con peor fe, en este asunto, los que se enteran de la vida privada de un hermano, y por una cuestión de rivalidad electoral acuden prestos a acusarle ante el Obispado, o la propia institución eclesial, que mantiene normas que escandalizan (estas si) al pueblo de Dios por su anacronismo moral, ausente de cualquier actualización exegética.

Cabría pensar, que si los recurrentes estaban seguros de que en las elecciones se habían cometido irregularidades burocráticas, el Obispado descabellado la razón sin necesidad de provocar un escándalo como este.

Un escándalo que bien podría volverse en contra de los recurrentes o de cualquier otro candidato a pertenecer alguna junta de gobierno, porque uno nunca sabe en qué momento de la vida puede cesar  el vínculo matrimonial. ¿Tenemos la certeza de que ninguno de los miembros delatores tiene pensado divorciarse próximamente?

 

¿Conocemos acaso la virtud moral de todos y cada uno de los miembros de las juntas de gobierno de la ciudad? ¿Por qué la Iglesia solo pone el foco en materia sexual y nunca en otros aspectos como el desprendimiento económico o material?

A ningún candidato a miembros a Junta de gobierno se le solicita que haya sido un “buen samaritano” con otras personas. A ninguno se le piden  pruebas de que haya dado de comer al hambriento o vestido al que no tiene. ¿Por qué estas parte te las enseñanzas de Jesús no  importan?

¿Por qué sin embargo, sí la enseñanza en materia moral de la Iglesia que viene, más bien de la tradición que de la escritura?

El fondo del asunto podría ser la cuestión del divorcio, aunque no sería la única.

Respecto a esta cuestión,  cuando se toma el tenor literal de Mt 19, 1-9 se está ocultando un análisis exegético y crítico- histórico adecuado para el escudriñaje de la propia escritura.

Esto,  no solo ocurre  con el tema del divorcio, pues escandalosas son las traducciones oficiales que presentan  textos como el de 1 Cor 6, 9  respecto a la homosexualidad, cuando en verdad, no se menciona si quiera el término, ni estas conductas, y lo que resulta es una errónea traducción del griego, que  hace referencia al abuso o prácticas sexuales ritualísticas y no.a la orientación sexual homosexual tal como la entendemos hoy.

 

No puede ser que las ansias de poder impliquen la investigación de la vida privada de los hermanos. ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo?

Una sociedad en la que no hay conciencia de comunidad y en la que se establece  el  delatar, a  aquel que, sin hacer nada malo, ni reprochable, se sale del estrecho marco moral de la institución eclesial, en vez de, crear una conciencia crítica colectiva constructiva para avanzar dentro de la Iglesia, en el respeto y la comprensión de las situaciones privadas de las personas que en la gran mayoría de los casos no son ni siquiera elegidas.

 

Claro que, gran culpa es de la propia base cofrade, preocupada en extremo en lo superfluo  y no en mantener una actitud crítica, pero constructiva, respecto a algunas posturas de la Iglesia Católica que hieren tanto a la comunidad cristiana.

Hubiera sido de esperar, del seno de una cofradía, que cuando determinadas personas se enteran de que otra lo está pasando mal en su vida privada, le hubieran  prestado toda la ayuda y compasión (Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos, a mí me lo hicisteis

Mateo 25, 31-46.)

 habiendo dejado de lado la rivalidad electoral, y no, usando una información privada para pretender ganar por la burocracia, y faltando a la caridad cristiana,  lo que las urnas te han negado. 

Si tan claras eran las irregularidades burocráticas en las elecciones no era necesario señalar a una persona concreta.

 

Pero, lo cierto, es que en las cofradías no se percibe interés por una formación cristiana integral, al margen de posturas obsoletas   ya conocidas de la Iglesia católica.

Pareciera que al cofrade medio solo le preocupan los bordados y encajes, cuadrar horarios e itinerarios, fardar en el varal o crear un sálvame cofrade.

 ¿Dónde queda la evangelización?

No es de extrañar que, por esta deriva, haya una desconexión mayor entre la sociedad y todo lo que tenga que ver con la fe, porque precisamente, decisiones como la del Obispado, lejos de evitar escándalo, lo provocan y se convierte además, en el mejor aliado del ateísmo y el nihilismo actual.

Pareciera a veces, que el ateísmo,  encuentra su mejor aliado en ciertas instituciones eclesiales, porque la reacción de muchos ante esto, no será la de la legítima crítica dentro de la fe, sino la ruptura con esta.

Así pues,  queda reflejado en los datos oficiales del número de personas creyentes en España, que ya descienden del 60%.

Estas actitudes, lastran  también la labor  que realizan muchos sacerdotes y religiosas, como el Padre Ángel, o religiosas y religiosas más jóvenes que a través de las redes sociales están presentando una visión diferente de la Iglesia, más cercana al Evangelio, explicando de forma pedagógica que muchas de la posturas de la Iglesia, no son dogma de fe, y son susceptibles, por tanto, a cambios.

Así lo está demostrando la Iglesia católica alemana o belga, permitiendo ya las bendiciones entre parejas del mismo sexo.

 

Este gran hacer queda empañado por un fundamentalismo institucional, muy notablemente en España, al que tristemente se acogen personas que no soportan el no de las urnas.

 

Esto además afecta muy negativamente a la visión que la sociedad  en general puede tener del mundo cofrade, pues como es sabido las cofradías son la parte de la iglesia más próxima al pueblo, a la gente corriente, cuyo único nexo de unión con la fe puede ser su participación en una hermandad. El escándalo pues que ha provocado el Obispado, lastra la imagen pública de la propia institución y de las cofradías, que parece no entender que al fenómeno religioso de las cofradías no se puede equiparar al Opus o a los kikos.

Y no se trata de que tenga que ser lo que el pueblo diga, ni que fe manera inexorable la fe tenga que obedecer a modas mundanas, tampoco caer en un relativismo moral donde todo da igual, pero si en mantener abierto el diálogo, y no dejarse llevar por un fundamentalismo cuestionable desde el punto de vista teológico.

No se trata de darle a lo mundano  la razón por la razón, sino de manteniéndose fiel a la escritura, llevar a cabo una actualización, en especial del marco moral,  que no comprometan la fe, y que permita llevar la misma a cuantas más masas poblacionales mejor.